¡Presentamos con orgullo a nuestras nuevas ganadoras del Premio #mujeres indígenas son educadoras!

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer 2026, la Red de Educación Dirigida por Pueblos Indígenas (ILED) lanza la segunda edición de la campaña #mujeres indígenas son educadoras, con el objetivo de honrar, celebrar y visibilizar a las mujeres de nuestra red que desempeñan roles extraordinarios en la transmisión del conocimiento, tanto en espacios educativos formales como informales.

¡Nos enorgullece presentar a nuestras siete ganadadoras de 2026!

El premio y el proceso

El premio “Las mujeres indígenas son educadoras” de ILED incluye una recompensa monetaria de €1000 y un reconocimiento conmemorativo, que se entregará en la comunidad de cada ganadora durante una ceremonia de celebración. Además, las ganadoras serán destacadas en una campaña especial que resalta sus logros y el papel fundamental que desempeñan en sus comunidades, tanto en medios locales como en el ámbito global. Durante la primera edición de esta campaña, la cobertura local atrajo la atención de medios de comunicación y responsables de políticas públicas, generando un efecto multiplicador de reconocimiento y entrevistas.

Las nominaciones para 2026 se recibieron a través de una convocatoria difundida entre los miembros y aliados de la red. Las postulaciones fueron cuidadosamente revisadas por un pequeño grupo del equipo de apoyo de la secretaría de ILED, incluidos facilitadores regionales, y evaluadas según su alineación con los objetivos del premio, así como criterios de tiempo y equilibrio regional. Este proceso dio como resultado la selección de siete ganadoras inspiradoras.

Durante el próximo mes estaremos compartiendo publicaciones en línea que profundizarán en las historias de nuestras educadoras indígenas ganadoras.

Mujeres Indígenas Educadoras: nuestras ganadoras 2026 

1): Betty Roxana Muñoz Agustin (40)

Pueblo Shipibo-Konibo (Pucallpa, Perú)

Esta nominación fue presentada por la institución Bari Wesna: 

“El trabajo docente de Betty, su sabiduría ancestral y su liderazgo comunitario la convierten en una transmisora invaluable de conocimiento, cuyo trabajo transforma vidas, fortalece la cultura y abre caminos para las futuras generaciones”.

Sobre Betty:

Betty ha trabajado durante varios años como docente bilingüe, desarrollando prácticas educativas pertinentes y significativas para los niños y niñas de su comunidad. Asimismo, su experiencia como formadora en un instituto pedagógico bilingüe demuestra su compromiso con la preparación de nuevos profesionales que continúen fortaleciendo la Educación Intercultural Bilingüe (EIB). Su papel no se limita a la enseñanza; también inspira a las nuevas generaciones de educadores a valorar y defender sus raíces culturales.

Además de su labor educativa, Betty es reconocida como mujer sabia en su comunidad. Domina el uso de la medicina tradicional para sanar el cuerpo y el espíritu mediante ceremonias de ayahuasca y cantos que equilibran y regulan las emociones. Esta sabiduría, transmitida de generación en generación, la comparte con niños, adolescentes y jóvenes en los talleres promovidos por Bari Wesna dentro de su programa de Revalorización Cultural.

En estos espacios enseña el valor de la medicina tradicional como pilar fundamental para la salud y la identidad del pueblo, mostrando cómo este conocimiento puede salvar vidas y fortalecer el bienestar emocional. Sus cantos no solo tienen un efecto espiritual, sino que también se convierten en un puente para la práctica y preservación de la lengua originaria.

Betty también se destaca como líder comunitaria. Actualmente ocupa el cargo de vicepresidenta en una de las comunidades más pobladas del pueblo Shipibo-Konibo, un rol históricamente reservado para los hombres. Su elección refleja el reconocimiento a sus habilidades de gestión, su compromiso comunitario y su visión de desarrollo. Este liderazgo sienta un precedente para la participación de las mujeres en espacios de toma de decisiones y empoderamiento político dentro de la comunidad indígena.

Reflexiones del comité de selección:
“Betty reúne de manera extraordinaria la educación, el conocimiento ancestral de sanación y el liderazgo comunitario. Su trabajo como docente bilingüe y portadora de saberes, así como su presencia en espacios de liderazgo, resulta especialmente interesante. Betty ejerce un liderazgo comunitario amplio y una práctica de conocimiento ancestral que se extiende más allá del aula hacia la gobernanza, la sanación y el empoderamiento de las mujeres”.

2) Mari Sandra Espinoza Guzmán (36)

Pueblo indígena Tzeltal de Chiapasm México. 

Esta nominación fue realizada por Lekil Lum:

“Como nuestra asesora, Mari Sandra nos impulsa a fortalecernos como promotores comunitarios para compartir con otras comunidades y pueblos, enriquecer nuestras habilidades y experiencias, y transmitir entre mujeres, familias y comunidades las enseñanzas de nuestros ancestros y nuestro aprendizaje colectivo. Con la documentación de nuestros logros y aprendizajes, se ha fortalecido nuestra participación en la creación de materiales audiovisuales que se utilizan como herramientas para la conservación, la difusión y la sensibilización sobre nuestras prácticas culturales en el cuidado y la defensa de nuestro territorio”.

Sobre Mari: 

Desde su identidad indígena tzeltal, Mari Sandra ha dedicado más de 10 años a acompañar colectivos de mujeres y hombres en el fortalecimiento de sus capacidades organizativas y productivas. A través de un enfoque centrado en la comunidad que pone énfasis en el cuidado de la Madre Tierra, trabaja para mejorar las condiciones de vida de las familias y las comunidades. Su labor como asesora técnica en el desarrollo de prácticas agroecológicas y en la promoción de iniciativas productivas para enfrentar problemas ambientales causados por el cambio climático —que amenazan el abastecimiento de alimentos de la comunidad— ha orientado a las comunidades hacia la acción colectiva. Este trabajo promueve la participación equitativa de mujeres y hombres en la implementación de estrategias que reduzcan la pérdida de diversidad de especies alimentarias en la milpa y las prácticas dañinas que contaminan el medio ambiente y afectan la salud humana.

A través de su trabajo como educadora comunitaria, Mari promueve el intercambio de conocimientos ancestrales, destacando el papel de las mujeres sabias como portadoras y transmisoras de saberes hacia las nuevas generaciones. Facilita el diálogo en su lengua materna, el tzeltal, e incorpora ceremonias comunitarias de respeto y prácticas de conexión con la naturaleza en el cultivo de la tierra. Este enfoque ayuda a la comunidad a preservar plantas nativas que forman parte de los sistemas alimentarios ancestrales y de la medicina tradicional, los cuales constituyen una parte esencial de su identidad y patrimonio cultural como pueblos indígenas.

Reflexiones del comité de selección
“Estamos profundamente impresionados por su liderazgo, claridad y coherencia, así como por su capacidad de articular ideas. Ha guiado a su pueblo con una visión firme y comprometida, integrando conocimientos ancestrales tzeltales con saberes técnicos en defensa de la Madre Tierra”.

“Es una persona visionaria, trabajadora y apasionada. Además, no trabaja únicamente con mujeres para abordar temas de género, sino que involucra críticamente a los hombres de la comunidad, lo cual es una habilidad fundamental”.

3) Ayu (Tiá) Jonah Ibia (47)

Manobo-Kulamanen, Filipinas.

Nominada por Salumayag Youth Collective for Forests:

“Postulamos respetuosamente a Ayu (Tía) Jonah Ibia para el Premio Mujeres Educadoras de ILED 2026, en reconocimiento a su liderazgo como educadora, portadora de cultura y transmisora de conocimientos dentro de su comunidad en Sumuna, Quezon, Bukidnon. La llamamos Ayu Jonah como una muestra de profundo respeto, no solo por su edad, sino por la sabiduría, el cuidado y la fortaleza serena que aporta al trabajo colectivo. Desde el inicio de nuestra iniciativa de restauración forestal, Ayu Jonah ha estado presente y comprometida. Proviene de un contexto difícil, enfrentando la vida como madre en una comunidad afectada durante muchos años por las presiones del conflicto armado y la inseguridad económica. A pesar de estos desafíos, eligió ir más allá de una mentalidad centrada únicamente en la supervivencia y, en cambio, liderar con una visión de largo plazo basada en el cuidado de la tierra y de las futuras generaciones”.

Sobre Ayu (Tía) Jonah Ibia: 

Ayu Jonah se destaca porque lidera con el ejemplo. Mientras que las oportunidades económicas a menudo pueden distraer los procesos de toma de decisiones en la comunidad, ella ha optado constantemente por creer que lo que cultiva y cuida hoy —bosques sanos, semillas y conocimientos— beneficiará a sus hijos y nietos. Esta perspectiva la ha convertido en una firme defensora de colocar a las mujeres en el centro de los procesos de planificación y toma de decisiones, incluso en espacios donde las contribuciones de las mujeres suelen ser ignoradas o no reconocidas por liderazgos masculinos.

Como educadora, su aula es el propio territorio. Ha plantado cientos de árboles nativos a lo largo de los límites de su finca, convirtiendo su tierra en un ejemplo vivo de conservación forestal basada en la cultura. A través de sus acciones, ha motivado a otras madres y a jóvenes a participar en la restauración de ecosistemas, la conservación de semillas y las prácticas agroecológicas. Su trabajo demuestra que el aprendizaje no siempre proviene de instituciones formales, sino también de la práctica constante y de la experiencia compartida.

Al principio, Ayu Jonah se sentía intimidada y temerosa de participar en capacitaciones técnicas sobre manejo forestal, agroecología y cuidado de semillas; sin embargo, decidió dar un salto de fe. Hoy ya no es solo una participante: es formadora, mentora y persona de referencia, especialmente para la juventud. Actualmente representa a su organización en diálogos comunitarios, espacios académicos y otras plataformas más amplias, compartiendo con seguridad conocimientos profundamente arraigados en su experiencia de vida.

El camino de Ayu Jonah encarna el poder de las mujeres como educadoras y guardianas del conocimiento intergeneracional. Su liderazgo nos recuerda que la verdadera educación no solo se enseña: se vive, se comparte y se transmite a través del cuidado, el valor y el compromiso.

Reflexiones del comité de selección:
“Ayu Jonah se presenta como una excelente mentora para la juventud y una gran candidata para este premio. Se encuentra en una posición y en una etapa de la vida ideales para tender puentes entre las personas mayores y los jóvenes, al mismo tiempo que incorpora nuevas tecnologías externas que pueden beneficiar a la comunidad”.

“Su liderazgo se distingue por la coherencia, la integridad y una visión intergeneracional que prioriza el bienestar colectivo y la protección del patrimonio vivo. Su compromiso con la sostenibilidad, expresado a través de la protección de los bosques, las semillas y el conocimiento, se complementa con su propia historia de resiliencia, que inspira la participación de las mujeres en los espacios de planificación y toma de decisiones”.

4) Rugia Atencio Rodríguez (59)

Pueblo Ngäbe de Costa Rica

Esta nominación fue realizada por la Asociación Indígena Roga (Junta Directiva de Roga):

“Nuestra nominada, Rugia Atencio Rodríguez, es una mujer Ngäbe cuya historia de vida es un ejemplo de perseverancia, resiliencia y amor por el conocimiento. Para el pueblo Ngäbe, hablar de Rugia Atencio Rodríguez es hablar de perseverancia, resiliencia y del poder del conocimiento. Su historia es profundamente enriquecedora y admirable, y representa un legado vivo para las generaciones presentes y futuras”.

Sombre Doña Rugia:

En 1976, Doña Rugia comenzó su educación primaria, caminando aproximadamente cuatro horas cada día para ir y volver de la escuela. Asistía descalza y sin comprender el idioma español, enfrentando múltiples desafíos propios de su contexto social y cultural. A pesar de estos obstáculos, Doña Rugia aprobó con éxito su primer año escolar, lo que despertó en ella una profunda curiosidad y un fuerte deseo de superarse académicamente.

Continuó sus estudios hasta completar sexto grado en la escuela de su comunidad, El Progreso. Más adelante, su padre decidió enviarla a San José, aunque ella no comprendía el mundo de la ciudad. Sin embargo, su deseo de aprender fue más fuerte que el miedo y la incertidumbre. En la capital, Doña Rugia trabajaba como empleada doméstica durante el día y estudiaba por la noche, logrando completar su educación secundaria. Posteriormente continuó sus estudios universitarios, convirtiéndose en la primera mujer Ngäbe en terminar la escuela, el colegio y la universidad.

En 1986 fue nombrada docente por el Ministerio de Educación Pública. Durante sus primeros cinco años de trabajo recibió una remuneración muy baja, ya que el territorio Ngäbe se encuentra en la frontera entre Panamá y Costa Rica, y el gobierno costarricense la consideraba extranjera. Frente a esta injusticia, Doña Rugia, con el apoyo de padres y madres de familia, inició un proceso que hoy se conoce como “La lucha por las cédulas de identidad”, el cual culminó en 1992, cuando el pueblo Ngäbe finalmente obtuvo cédulas de identidad costarricenses.

A pesar de tener asignadas cinco materias básicas para enseñar, Doña Rugia siempre encontraba tiempo para enseñar la cultura Ngäbe, transmitiendo a sus estudiantes la importancia de preservar y proteger las raíces culturales como base fundamental para proyectarse y conquistar el mundo desde su propia identidad.

Reflexiones del comité de selección:
“Es importante destacar la resiliencia y la capacidad de acción de Doña Rugia, profundamente arraigadas en su identidad cultural Ngäbe, así como su vocación de servicio, que le han permitido impulsar procesos de gran importancia histórica que condujeron al reconocimiento legal y a la dignificación de su pueblo en Costa Rica. Este caso es especialmente significativo en un contexto político históricamente dominado por el patriarcado, donde la participación y el liderazgo de las mujeres suelen ser cuestionados. Doña Rugia encarna en la vida real la herencia matriarcal del pueblo Ngäbe”.

“Su papel como educadora, combinado con su liderazgo para lograr el reconocimiento legal del pueblo Ngäbe, es verdaderamente inspirador. Su trabajo encaja perfectamente con este premio, especialmente porque se percibe como una persona altamente motivada que seguramente se verá fortalecida con este reconocimiento”.

5) Mini Karimam (63)

Miembro de la comunidad indígena Ravula (Adiya), Thirunelli, distrito de Wayanad, Kerala, India.

Nominada por Keystone Foundation:

“Mini, una mujer de 63 años de la comunidad indígena Adiya Rahular de Thirunelli, en el distrito de Wayanad, es una destacada portadora de conocimientos tradicionales y un ejemplo vivo del papel de las mujeres indígenas como educadoras”.

Sobre Mini:

Actualmente, Mini es la única practicante conocida en el distrito de Wayanad que continúa cantando y preservando el “Cholappaattu”, una forma musical tradicional poco común y profundamente arraigada en la vida comunitaria.

El Cholappaattu se interpreta utilizando un sencillo instrumento musical hecho de bambú y, históricamente, ha desempeñado un papel fundamental en el cuidado de los niños y en el bienestar de la comunidad. En generaciones anteriores, este canto se utilizaba para calmar a los niños y ayudarles a dormir. También se cantaba cuando los niños estaban enfermos, permitiendo a quienes los cuidaban tranquilizarlos y administrarles medicina. De esta manera, el Cholappaattu funcionaba como una forma de apoyo emocional, práctica de sanación y educación en la primera infancia dentro de la comunidad.

Mini heredó este conocimiento de forma oral de los mayores de su comunidad, a través de la observación, la participación y la experiencia vivida. En ausencia de estructuras educativas formales, se convirtió en educadora a través de la tradición, transmitiendo conocimientos mediante el canto, el cuidado y la práctica cotidiana. Su papel no se limitaba a la interpretación; más bien, asumía las responsabilidades de enseñar, cuidar y mantener viva la memoria cultural.

Hoy en día, cuando los rápidos cambios sociales amenazan la supervivencia de los sistemas de conocimiento indígenas, la contribución de Mini se ha vuelto aún más significativa. Ella es la única transmisora conocida del Cholappaattu en la región, y guarda en su memoria canciones, significados y prácticas que corren el riesgo de desaparecer para siempre. Cada interpretación refleja la historia, la resiliencia y la cosmovisión de la comunidad Adiya Rahular.

Al preservar y continuar esta tradición, Mini representa el trabajo educativo —a menudo no reconocido— de las mujeres indígenas, cuyo conocimiento sostiene a las familias, las comunidades y la identidad cultural a lo largo de las generaciones. Nominar a Mini para este premio no solo reconoce su dedicación personal, sino también el papel de las mujeres indígenas como educadoras y guardianas de sistemas de conocimiento vivos.

Reflexiones del comité de selección:
“Hemos visto cómo toca el instrumento de bambú que está intentando enseñar a los niños más jóvenes. Sin ningún apoyo del Estado ni de espacios de la sociedad civil, este premio realmente podría animarla a continuar la tradición, inspirar a más niños a aprender y también dar visibilidad a esta forma de arte poco conocida”.

“Se presenta como una portadora de conocimiento muy importante, ¡y posiblemente la última de su tipo! Verdaderamente merece este premio. Sería maravilloso que esta tradición pudiera transmitirse gracias a este reconocimiento, o al menos despertar el interés de otras personas por el Cholappaattu”.

6) Juli (Juliana) Gospel Kageni (29)

Comunidad indígena Yaaku, Kenia.

(Crédito de la foto: Gioia Shah en The Guardian)

Nominada por Milka Chepkorir, del grupo de mujeres Sengwer de Kabolet:

“La candidata es una joven indígena del pueblo Yaaku que trabaja en la revitalización de su lengua indígena y en la transmisión de conocimientos tradicionales. Que una mujer joven se dedique a este noble papel es un esfuerzo que merece reconocimiento en un mundo donde los esfuerzos de los pueblos indígenas a menudo no reciben el reconocimiento que realmente merecen”.

Sobre Juliana:

Juliana, fundadora de la Iniciativa de Lengua y Cultura Yaaku, trabaja en condiciones muy desafiantes marcadas por la inseguridad, recursos financieros limitados y restricciones culturales. A pesar de estos retos, ha logrado iniciar y liderar un trabajo impresionante junto con los mayores de su comunidad para revitalizar el idioma Iyaku, que se encuentra en peligro de extinción. Junto con miembros de la comunidad, Juliana ha ayudado a establecer clases de lengua indígena, desarrollar materiales de aprendizaje tanto escritos como orales, y reunir a las personas para aprender el idioma y la cultura Iyaku.

Con el reciente apoyo de ILED, también han logrado implementar con éxito el proyecto “Whispers of the Bees” (Susurros de las Abejas), mediante el cual transmiten su valioso conocimiento sobre las abejas. Como comunidad tradicionalmente cazadora-recolectora, el pueblo Yaaku posee amplios conocimientos indígenas sobre las abejas, la miel, los animales silvestres y las relaciones entre las personas y los recursos de la tierra y el bosque. Esta relación ha contribuido a importantes procesos de conservación en muchos territorios de pueblos indígenas.

Reflexiones del comité de selección:

“Las iniciativas de Juli, con un carácter autodeterminado a su corta edad, resultan muy inspiradoras. Claramente es una excelente elección y una candidata muy merecedora de este premio”.

“Salvar una lengua y transmitir conocimientos tradicionales que son cultural y ecológicamente importantes es un trabajo extraordinario, ¡y más aún para una mujer tan joven! Ella merece este premio”.

7) Mrs. Peace Kakete (66)

Comunidad de KIgando Bulera, parroquia de Kibasi, Fort Portal (Uganda)

Nominada por Friends with Environment in Development, Uganda (FED):

“Peace es una de las lideresas indígenas de la comunidad de KIgando Bulera, en la parroquia de Kibasi, Fort Portal, que trabaja con Friends with Environment in Development (FED) para restaurar, preservar y promover la Educación Dirigida por Pueblos Indígenas de las comunidades Batooro en el área de Kibasi – Fort Portal, en el distrito de Kabarole, en el oeste de Uganda. Su carácter y personalidad desinteresados la convierten en una de las mejores candidatas para este Premio a Mujeres Educadoras. Su reconocimiento motivará a otras personas, especialmente a los jóvenes, a ser amables con los demás y a trabajar con dedicación”.

Sombre Peace:

Peace es una mujer mayor, responsable y con grandes cualidades de liderazgo. Tiene un espíritu voluntario y un carácter generoso y sacrificado. Participa activamente en el proyecto apoyado por ILED de FED, cuyo objetivo es compartir y transmitir a las nuevas generaciones conocimientos indígenas sobre plantas medicinales y alimentos medicinales.

Hace todo lo posible por el bienestar de los demás, por ejemplo, acogiendo reuniones comunitarias en su casa, incluyendo la visita de los pueblos Ogiek y Sengwer cuando viajaron desde Kenia a Uganda. También fue una de las integrantes del grupo que visitó a la comunidad Ogiek en Nkareta. Después de regresar de esa visita, y tras conocer el Herbario del centro Ogiek, convenció a su esposo de ofrecer una parte de su terreno para que el grupo pudiera conservar la vegetación natural y enriquecerla con más plantas indígenas.

Reflexiones del comité de selección:
“Peace encarna la sabiduría en abundancia. En el contexto africano, no es algo ‘común’ que una mujer convenza a su esposo de ofrecer un recurso para el uso colectivo de la comunidad. Ella es sabia y humilde, virtudes que contribuyen a su notable influencia en la medicina tradicional y en la transmisión de ese conocimiento”.

“La historia de liderazgo y compromiso de Peace nos conmovió profundamente. Su dedicación a mantener vivo un conocimiento esencial para su comunidad y para las futuras generaciones merece ser reconocida. Honrarla es celebrar su entrega y el valor de lo que comparte”.

 ¡Feliz Día Internacional de la Mujer de parte de la Red ILED!